En los estados fronterizos se viven dos ritmos diferentes de vacunación. Mientras que en el lado de Estados Unidos se lleva un avance de 47.5 por ciento de la población elegible, en México se tiene un progreso apenas del 25.4 por ciento, según cifras oficiales de las autoridades sanitarias de cada país.

Además, continua el cierre de las fronteras, pues ambas naciones acordaron extenderlo para los viajes no esenciales hasta el 21 de junio, aunque ambos gobiernos se encuentran en conversaciones para flexibilizar los cruces fronterizos un día después de esa fecha, según se comporten los índices de contagios de COVID-19 y el número de vacunas aplicadas en cada país.

La política sanitaria en Estados Unidos ha sido clara: vacunar a ritmos acelerados para alcanzar la reapertura económica total en pocos meses. Tal es el caso de ciudades turísticas como Las Vegas o Florida, que ya presentan niveles cercanos a 70 por ciento de movilidad y una reactivación en las llegadas de viajeros motivados por la facilidad de conseguir vacunas sin necesidad de ser residentes.

Mientras que en México, la mayoría de las personas vacunadas pertenecen a grupos específicos de la población, como médicos del sector público, adultos mayores de 60 años, por lo que la reactivación de actividades y economía no parece que llegue pronto.

Pues aunque son un grupo importante de la sociedad, para fines de la reactivación económica y del comercio exterior, estos grupos representan una parte casi nula, pues el mayor número de trabajadores tienen un promedio de edad que oscila entre los 30 y 35 años a lo largo de la frontera, y son quienes representa la fuerza laboral.

Según el Plan Nacional de Vacunación del gobierno federal, se planea vacunar a las personas de 39 o menos años a partir de septiembre, lo que representa un retraso considerable ante la flexibilización de los cruces fronterizos a partir de junio próximo.